Los animales y la sintiencia

El filtro especista nos hace discriminar a los animalesPercibimos de un modo diferente sucesos que atañen a humanos y a los demás animales. El especismo anula nuestra empatía.

¿Qué son los animales? ¿Todos los animales son sintientes? ¿Qué engloba el clado Animalia?

Habitualmente llamamos «animales» a aquellos sujetos sintientes que no pertenecen a la especie humana. No obstante, debido a que nosotros también somos animales y no formamos ningún grupo biológico especial, resulta más preciso decir «animales no humanos» para así incluirnos.

Hay algunos filos como las esponjas marinas o poríferos (Porifera) que, según se estima, carecen de tejidos diferenciados. Por ende, no poseen estructuras capaces de desempeñar la función sensitiva. Para sentir se requiere un tejido especializado: el tejido nervioso, el cual surgió como una especialización de la membrana embrionaria ectodérmica.

Nos referimos a la posesión de intereses y sus respectivos individuos porque a la ética, por definición, sólo le concierne la consideración y protección de intereses.

¿Qué significa «sentir»?

«Sentir» no equivale a responder ante estímulos. «Sentir» (la sintiencia) es un fenómeno peculiar que significa «facultad de experimentar sensaciones» y conlleva el surgimiento de una conciencia propia: emociones, deseos, etc. Físicamente sería el proceso por el cual un organismo capta estímulos, los convierte en señales eléctricas o químicas, canaliza esa información recibida, la integra y origina una respuesta mediada.

Solamente se trata de ampliar la visión hacia los animales

Consideramos moralmente a unos nohumanos mientras condenamos las vidas de otros. Esto se denomina «especismo de preferencias».

Y… ¿qué es un «interés»?

Un interés es propensión inevitable, un conjunto de comportamientos que todo animal necesita para vivir. No debe confundirse con una necesidad básica. A diferencia de ésta, un interés exige que el individuo tenga conciencia de tal necesidad.

A una planta, por ejemplo, podemos introducirla dentro de un cubo de cristal sin mayor perjuicio para su vida. Ésta, mientras tuviere agua, luz y nutrientes, no morirá. Sin embargo, los animales, aunque dispongamos igualmente de agua y alimento, no podemos completar nuestro ciclo si algo o alguien limita el conjunto de actividades o comportamiento innatos. Esto se evidencia a ojo, por ejemplo, en los zoológicos cuando diversos animales se amputan los dedos. Y, desde el aspecto bioquímico, se observa que sus niveles hormonales están descuadrados. No solamente necesitamos elementos concretos; sino elementos abstractos como la libertad.

¿Qué dicta la ciencia?

Todos los animales compartimos intereses básicos como la libertad y el mantenimiento de la integridad física, entre otros. Sin embargo, los humanos nos arrogamos la potestad de subyugar diariamente las vidas de otros animales por mero placer y beneficio como consecuencia de un prejuicio moral llamado especismo. El especismo nos hace verlos cual objetos cuyo valor depende de nuestros intereses en lugar de valorar los suyos propios. Por cultura y cercanía, la mayor parte de los humanos asume que algunos animales merecen más respeto, o que unos han de servir para un fin y otros para alguna otra finalidad. Todo ello es arbitrario e injustificable.

La ciencia nos demuestra que no somos los únicos seres con intereses propios. En cambio, ninguneamos los suyos y tratamos incluso de valernos de ésta para justificar atrocidades como si otras acciones injustas como el racismo o el sexismo fuesen punibles desde ella. El razonamiento lógico aplicado al comportamiento (ética) nos lleva a entender que ellos sienten y nos obliga actuar en consecuencia de la misma manera en que todos asumimos la importancia de la ciencia.

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