La epidemia del alter ego

La epidemia del alter ego

Cuando el ego se disfraza de altruismo

El alter ego es la actitud psicológica, a menudo inconsciente, por la cual uno actúa en beneficio de sí mismo al mismo tiempo que dice o cree estar haciéndolo por los demás. De tal forma, traslada sus intereses a un otro-yo (alter ego) que le permita sentirse mejor y autojustifique los medios y fines de sus propios actos. El fenómeno del alter ego abunda dentro del movimiento vegano y condiciona toda clase de irracionalidades y comportamientos narcisistas que podemos observar. Se evidencia cuando el activista en cuestión no quiere escuchar ninguna crítica ni atenerse a ninguna prueba de la realidad que pueda destrozar su creencia en la legitimidad e idoneidad de sus acciones.

A alguien que sufre un sesgo de alter ego le importa muy poco si hacer esto o lo otro será inútil, no salvará vidas o incluso puede ser peligroso, ilegal o perjudicial para las víctimas; aún así lo justificará porque el origen de sus acciones no se enfoca en el sufrimiento de las víctimas sino en el suyo propio al ser consciente de la situación en que viven. Quien padece este estado intenta realizar y justificar cualquier acto que considere «bueno» para calmar su sufrimiento a pesar de que no sirva para eliminar el sufrimiento de las víctimas reales. Los individuos con alter ego quieren hacer y creer todo aquello que les reduzca el dolor psicológico provocado por el conocimiento de la situación actual respecto a los no-humanos. Así, cuando donan o asisten a una manifestación no luchan por mejorar el paupérrimo estado en que moran las víctimas; sino en poder decirse a sí mismos que ya han cumplido o cumplen con las acciones necesarias para «cambiar la realidad» aun cuando no hayan hecho nada lógico, coherente o viable en esa dirección.

Debido a este hecho, un individuo sumido en el alter ego mostrará una enorme aversión y violencia (gritos, insultos, etc.) a quien señale qué tal o cuál acción no ayudará a las víctimas. Esto explica por qué hay tantos comportamientos violentos ante las críticas, por qué se vierten tantas falacias unionistas («todos estamos en el mismo barco») y por qué hay miles de veganos que siguen donando y creyéndose a pies juntillas las «victorias» de las grandes organizaciones animalistas.

Origen, actualidad y remedio del alter ego

El efecto del alter ego aparece por una serie de razones biológicas y contextuales. Habría que estudiar a fondo por qué acontece. Por un lado, los demás animales no hablan en nuestro idioma ni usan algún lenguaje que el ser humano pueda reconocer fácilmente. Tampoco conocemos tan bien —como en humanos— qué sienten, qué piensan o si algo puede causarles malestar o sufrimiento; lo cual puede derivarse en que uno confunda la realidad con sus propias inferencias e interpretaciones. Y, por otro, estamos inmersos en una cultura especista que confunde nuestro sentido de la justicia y la situación de los no-humanos resulta tan lamentable, bochornosa y aberrante que cualquier mínimo cambio o mejora genera enormes expectativas y una sensación de autorecompensa muy intensa con independencia de que las víctimas se sientan igual de mal.

La lucha por los Derechos Animales podría avanzar más rápido si muchos veganos dejaran de limitarse a seguir sus impulsos y a realizar aquellas acciones que solamente les brinda satisfacción en su día a día aunque, en la práctica, no sirvan de nada a los animales esclavizados y torturados. Un vegano es, por definición, aquél que ha entendido el deber moral de respetar y defender a las víctimas. Por el contrario, si uno las defiende únicamente por su propio interés de considerarse «mejor persona», entonces no puede entender la base del problema y llegará un momento en que sus intereses incluso entrarán en conflicto con los de las víctimas. Quizás sea ésta es una de las razones fundamentales, aparte del argumento lucrativo, de la corrupción en organizaciones animalistas que en su día empezaron como abolicionistas (p. ej: Igualdad Animal) y que ahora son bienestaristas totales y, además, uno de los motivos entre quienes integran grupos de acción directa.

En conclusión, no somos perfectos y resulta increíblemente mantener la objetividad —y casi la cordura— en una lucha tan ignorada y minusvalorada; sin embargo, si queremos el bien de las víctimas y un futuro mejor, no caben las actitudes irracionales o ególatras que sitúen nuestras esperanzas por encima de sus realidades diarias. Un activista siempre debe querer formarse, mejorar como persona y tener claro cómo lograr el fin de la explotación animal. Esto se resume en la consecución de que la sociedad entienda por qué merecen respeto más allá del trato que reciban.