Salvados: Stranger pigs

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Anuncio programa Salvados dedicado a las granjas de cerdos

Salvados nos relata desde en el antropocentrismo más hiriente

En el pasado fin de semana un conocido reportero e investigador periodístico, Jordi Évole, presentó uno de los episodios más polémicos de su programa Salvados: iría a visitar granjas y colarse de incógnito para filmar el estado de tales animales esclavizados. La Sexta presentaba todo ello lo presentaba mediante un título innecesariamente rimbombante y anglicado con la intención de causar aun más sensacionalismo si cabe.

Muchos animalistas e incluso veganos mostraban la ilusión de que este reportaje visibilizara la injusticia de que padecen; sin embargo, no ocurrió así. La emisión dejó patente que los cerdos filmados eran una mera excusa publicitaria para justificar algunas menciones puntuales sobre los derechos de los trabajadores y tres pinceladas simplonas sobre el mal llamado «bienestar animal». Se vuelve imposible defender a las víctimas cuando las grabaciones se usan exclusivamente para centrarse en el trato y para promover una explotación más «compasiva».

A lo largo de las últimas décadas se ha repetido el mismo modus operandi por interés comercial de organizaciones y empresas. El objetivo no es en demostrar que sienten como nosotros ni en explicar que merecen respeto. Su único propósito consiste en encauzar el sentimiento animalista (es decir, el malestar social causado por la explotación animal) en una versión más amigable, bondadosa y ecológica que fomente entre los consumidores la falsa creencia de que lo malo reside en el «maltrato animal» y de que pueden seguir comiendo sus cuerpos descuartizados con la conciencia tranquila mientras apuesten por ciertos ganaderos y productores de confianza.

Las respuestas del sector ganadero

Como resulta lógico y esperable después de la emisión de Salvados, quienes viven gracias a la esclavitud y asesinato de otros animales no les apetece que nada, ni siquiera un programa cuyo mensaje sea insignificante, les perjudique el negocio. Sus reacciones, clónicas, se han enfocado en desmentir las imágenes captadas, afirmar que ellos se preocupan por el bienestar de sus animales mientras les cortan colas, extraen dientes, hacinan, envían al matadero, etc., para que así se tranquilicen sus respectivos compradores. Concretamente, El Pozo, la empresa afectada por el reportaje, emitió un vídeo en donde aparece un veterinario con bata blanca (con la no inocente intención de apelar al sesgo psicológico ad verecundiam) y un comunicado escrito:

Comunicado de El Pozo tras el reportaje de Salvados

Lo expresado por El Pozo puede resumirse una frase: los consumidores no deben preocuparse por la calidad de nuestros productos porque los animales defectuosos son asesinados a tiempo gracias a nuestro código deontológico tan maravilloso.

En este artículo no buscamos recopilar todas las contestaciones del sector; pero sí dejaremos una mención a publicaciones que han salido en las redes sociales. Por ejemplo, un granjero de Murcia colgó estos vídeos para presumir del vastísimo «bienestar animal» en que viven sus cerdos. Si en ese supuesto bienestar se encontrasen humanos, se abrirían periódicos con el titular de «campo de concentración nazi»:

Vídeos de cerdos con bienestar animal

El mismo hombre se refiere así a las mulas que explotan para actividades rocieras. Una muestra del especismo más dantesco:

Hombre se refiere así a mulas explotadas en actividades rocieras

Sus respectivos explotadores, por más que probable conveniencia, confunden legalidad con legitimidad. Y, por desgracia, muchos animalistas, que todavía no se han desecho del especismo, caen el mismo juego de creer que las leyes pueden cambiar sin necesidad de que ellos mismos adquieran primero una ética de respeto hacia los animales no humanos. Mientras exista el consumo de esclavitud y sus múltiples usos asociados, los demás animales seguirán siendo esclavos.

La complicidad de las grandes organizaciones animalistas

Con Salvados se había abierto una nueva oportunidad para lanzar un mensaje correcto y veraz. Aquellos quienes fuesen verdaderos defensores de los Derechos Animales harían hincapié en estas estrategias tan conocidas desde los años 70, las denunciarían y exigirían aquello que realmente les importa las víctimas: sus vidas; no eso de elegir entre un cuchillo y una pistola de pernos. En cambio, paradójicamente, nos encontramos con que las grandes instituciones animalistas no hacen eso. Por el contrario, son claros aliados de la industria que encuentran en la explotación animal un nicho de mercado en donde ganan dinero actuando como intermediarios entre los animalistas de buen corazón y las compañías en cuestión.

En Salvados, fue Igualdad Animal quien apoyó el programa ayudando a su realización. En vista de cómo han dirigido sus esfuerzos durante y tras la emisión, queda patente que sus intereses no están precisamente en las víctimas. Posiblemente sacaron a la luz cerdos heridos, con malformaciones y terriblemente torturados para herir sensibilidades y llevar a la gente hacia este despropósito:
Igualdad Animal pide a El Pozo una política de bienestar animalNo existe una política «ejemplar». Si hablásemos de seres humanos, nadie tardaría más de dos segundos en entender que son esclavos y van a terminar asesinado igualmente. Si el final será el mismo, no hay política política «ejemplar» que valga.

El beneficio de sacar una supuesta visibilización de la explotación animal es doble (o triple, cuando entran en juego los medios de comunicación): las organizaciones animalistas recaudan nuevos sociales y donaciones al fingir que están de parte de los oprimidos; las empresas de turno mejoran su imagen al hacer creer que toman nota y se preocupan de tales animales. Se cumple así la llamada «Ley de la reina roja», tan común en el sector empresarial: algo debe cambiar para que todo siga igual. Esto significa que el sistema necesita evitar que las tendencias novedosas dirijan a los consumidores fuera de su objetivo. Si se finge una revolución y se excusa con que debemos ir «paso a paso», el sistema consigue perpetuarse.

En consonancia con el trasfondo económico y populista, otros colectivos tanto políticos como ecologistas han aprovechado para desviar el asunto hacia sus intereses. PACMA actúa de una manera parecida a la de Igualdad Animal y EQUO directamente fija su atención en los ecologistas a quienes no les importa más que su ideal paradisíaco del medio ambiente; en el cual a los demás animales se los percibe como simple autómatas y elementos del paisaje con fines salubres, educativos y económicos:

EQUO promociona la carne ecológica

Consecuencias del mensaje lanzado por organizaciones animalistas

Con Salvados únicamente se ha repetido lo mismo de siempre. Ante esta explicación tan sencilla, suelen aparecer defensores de las grandes organizaciones animalistas (ya fueren socios o no), las cuales, a pesar de no fomentar el veganismo y desviar la atención sólo hacia el trato, insisten en que son «pasitos» o «estrategias» hacia la abolición porque, muy en el fondo, persiguen que desaparezca la explotación animal. Permítannos que lo dudemos.

Las grandes organizaciones animalistas sólo consiguen que la gente empiece a pensar como el hombre mostrado en la imagen inferior y les done para tener la conciencia tranquila. Son explotadores de la explotación animal y el cáncer de las víctimas. Incluso si uno de no deseara aceptar su «maldad», debe ser consciente de que sus estrategias no funcionan ni se dirigen hacia la abolición de la explotación animal:

Chico pide que se regulen las leyes para matar animales sin sufrimiento

Los activistas por los Derechos Animales exigimos la abolición (forzosamente gradual) de la explotación animal mediante el fomento del veganismo, la explicación del respeto que merecen los demás animales y la promoción de alternativas sin explotación animal.

El resultado social es gradual porque gradual es la asunción ética sobre los Derechos Animales (como lo fue de Derechos Humanos). Un movimiento abolicionista va generando una corriente de pensamiento que va forzando a los explotadores a ir cediendo lentamente sus privilegios y acciones para salvaguardar sus bienes o incluso vidas. En cambio, un movimiento bienestarista nunca compromete la ética o legalidad de una explotación y alarga la cuestión eternamente (para beneficio de los intermediarios).

Si el movimiento contra la esclavitud negra se hubiera quedado en un par de regulaciones que prohibían asesinar negros y otras de dejarlos descansar en domingo, hasta ahora existiría tal esclavitud. Uno de los detonantes de la lucha abolicionista humana fue la obra La cabaña de tío Tom en donde la autora explica en el primer capítulo que el propia esclavitud condiciona que los seres humanos sean propiedades y siempre queden expuestos a injusticias mientras se los considere seres inferiores. Esa obra encierra tanto simbolismo y aplicación hacia los Derechos Animales que su lectura por parte de los animalistas podría resolver problemas y argumentos que ya fueron tratados hace siglo y medio.

La historia debe servir para no repetir los mismos errores del pasado y no caer en la trampas de empresas y falsas organizaciones defensoras de algo más que sus bolsillos. Ningún movimiento que perpetúe la supremacía humana, el especismo o el bienestarismo pueden acabar con la esclavitud de los demás animales por la sencilla razón de que la legitima.