El carnismo es un concepto equivocado

Vaca y carnismoVaca (Bos taurus), uno de los millones de animales no humanos explotados para carne entre otros productos.

¿Por qué el concepto de «carnismo» está errado?

Entre veganos o gente afín al veganismo suele aparecer la palabra carnismo. Esta palabra es un artificio ideológico de la ensayista Melanie Joy, quien se refiere en su obra «¿Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas?» a un «sistema invisible de creencias» que considera a otros animales como meros productos cárnicos.

Joy copia el concepto de especismo y lo reduce a una de sus infinitas manifestaciones. Sin embargo, ¿qué tiene de peculiar esa expresión de supremacía en concreto? ¿Qué tiene de peculiar el hecho de considerar a otros animales como objetos para carne que no tenga el hecho de considerar a otros animales como objetos para vestimenta, en transporte, en instrumentos de laboratorio, o en elementos para el entretenimiento? Por tanto, el «carnismo» sería ni más ni menos que un tipo concreto de expresión especista. El «carnismo» no existe; pues todas las formas de explotación animal, incluidas aquéllas para alimentación, son una mera consecuencia del especismo. Lo que existe es una ideología explícita y muy visible que trata a los animales como recursos para satisfacer los deseos humanos.

El «carnismo» no tiene nada de nuevo. Es una copia literal de la noción de especismo, a la que se le pone otro nombre y se limita artificialmente al hecho de considerar a otros animales cual medio para servir de carne a los humanos. No hay nada nuevo en lo que argumenta Joy. No aporta ninguna novedad que no hayan repetido muchos otros autores que analizaron el especismo, comenzando por Richard Ryder y el adalid bienestarista Peter Singer.

El trasfondo bienestarista del «carnismo»

Joy no condena el uso de animales en sí mismo y un problema añadido de este término, además de ser inconsistente, radica en que puede resultarles agradable a quienes rechazan la explotación animal para carne pero justifican o participan en otras formas de explotación sin aparente sufrimiento, como montar a caballo. A esas personas sin duda les conviene mucho la obra de Joy para así no cuestionar sus propias posiciones especistas. El «carnismo» sirve para intentar justificar una discriminación privilegiada sobre la carne al mismo tiempo que se ignora el resto de la explotación animal, lo implica considerar que unas víctimas, explotaciones o procedimiento sean mejores o peores que otros. Esto es todo lo contrario de lo que pretende el veganismo y los Derechos Animales.

Por sus argumentos empleados, se observa que Joy se posiciona dentro del bienestarismo. Éste se resume en la idea de que la única cuestión relevante a la hora de relacionarnos con los otros animales es tener en cuenta el bienestar que ellos experimentan. Al bienestarismo no le importan conceptos morales tales como la libertad, la dignidad, la igualdad, los derechos, el valor inherente. Sólo le preocupa el bienestar y todo lo demás queda ignorado o supeditado a un incoherente criterio de bienestar. De hecho, ella menciona expresamente al pensador utilitarista Jeremy Bentham, quien fue el creador filosófico del bienestarismo, como su punto de referencia moral. Además, ella apoya las reformas de «bienestar animal» sobre la explotación de los animales con la excusa de que eso supuestamente «reduce el sufrimiento»; lo cual resulta bastante más que discutible.

Banteng echada sobre el sueloBanteng (Bos javanicus), una especie de bóvido del sureste asiático.

Motivos para desechar el concepto de «carnismo»

El «carnismo», aparte de ser un reduccionismo artificioso del especismo, es una noción perjudicial para la concienciación de la sociedad. La razón para desechar este concepto obedece al deber activista de ser precisos en nuestro mensaje y no incurrir en sesgos que puedan desembocar en malentendidos. Carece de coherencia concienciar a la gente de manera restringida sobre la carne e ignorando adrede el resto de las formas en que se explota a los demás animales. Nuestro objetivo como activistas ha de enfocarse, precisamente, en que la gente deje de discriminar entre los diferentes usos de animales no humanos y comprenda que todo uso de ellos es injusto, además de innecesario. El libro de Joy no ayuda en este propósito; sino más bien todo lo contrario. Dicho ensayo fomenta la idea de que es correcto discriminar entre las distintas maneras de aprovecharnos y servirnos de sujetos ajenos a nuestra especie.

A veces, hay quienes esgrimen que separar entre formas de explotación facilita el entendimiento por parte de los ciudadanos. La defensa de este término, no en vano, proviene de aquéllos que promueven campañas monotemáticas bajo el argumento falaz de que así se consiguen pequeñas mejoras. En absoluto. Cualquier reduccionismo de la realidad desemboca en una comprensión limitada y parcial del problema. La sociedad no podrá comprender el especismo ni dejar de explotar a todas las víctimas mientras los propios activistas sitúen a unas sobre otras según modas o intereses institucionales. Las manifestaciones del especismo son infinitamente amplias; pero el origen fundamental del problema puede resumirse en pocas líneas. Por todo ello, pongamos hincapié en la injusticia de considerarlos y tratarlos como recursos en lugar de reducir sus circunstancias al hecho de que unos los coman, vistan o se diviertan a su costa.

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